ETAPA III: CATECUMENAL

1. El Sínodo como inicio de esta Etapa

 

El Sínodo como lo hemos explicitado en su experiencia de conversión es una forma de comprometer al mayor número posible de miembros del pueblo de Dios en el discernimiento o "escrutinio" de la voluntad de Dios sobre algunos temas básicos de la vida y misión de la Iglesia. Es uno de los momentos claves del proceso o de la gradualidad del camino de fe. Discernimiento y gradualidad, dos componentes determinantes del "paso" de una a otra etapa, de acuerdo con el OICA.

 

Definirse por Cristo y profesar la fe en El, en común, es verdadero comienzo o punto de partida, en orden a definir las características de vida de esa comunidad. Este proceso de "definición" supone ante todo la comunión en un núcleo fundante, Cristo, que es también camino que andar y fin al que llegar.

 

El Sínodo, de hecho, se vive como un "paso" hacia adelante en la solemnidad con que la comunidad, presida por el Obispo, manifiesta su voluntad de penetrar en el misterio de Cristo tal como la vive su Cuerpo que es la Iglesia; es decir, de entrar en una nueva etapa de su itinerario eclesial. Lo expresan así los documentos "sinodales".

 

Además, en su preparación y realización, el Sínodo comporta un tiempo de discernimiento (el OICA habla de "escrutinio") para todos los bautizados. Cada uno decide, a diversos niveles de intensidad, si vivir o no, y cómo, en cuanto ministro de una comunidad que quiere optar por Cristo, ese momento fuerte de purificación e iluminación. Y la comunidad como tal se siente llamada a conversión, formula las implicaciones que ésta lleva consigo en los ámbitos fundamentales de vida y acción, define los compromisos que asumir en coherencia con la fe.

 

Por su parte la Iglesia, en nombre de Cristo y en la persona del Obispo y del presbiterio, verifica la validez de ese discernimiento y la coherencia de esas opciones con la palabra de Dios y con las exigencias de la comunión eclesial. La gente siente que recibe el aval de la Iglesia que confirma la renovación de su mentalidad y de sus costumbres, el grado de conocimiento de la doctrina cristiana que ella expresa, aunque de modo limitado, en los documentos elaborados; que confirma su compromiso por la renovación de la sociedad y su seria voluntad de vivir en coherencia con la fe, confiada en Dios y en su ayuda. De este modo, el pueblo cristiano está en grado de asumir responsablemente el Bautismo ya recibido años atrás.

 

Estos son los elementos que convierten el Sínodo en el "paso" del pre-catecumenado al catecumenado.

 

 

2. Sentido de esta etapa

 

Objetivo de esta etapa es que el pueblo de Dios como comunidad creyente en Cristo alcance su madurez y se de un estilo de vida, de acción y de organización coherentes con la fe que profesan.

 

Como ya se dijo, dos son las preocupaciones que han llevado a la elaboración y realización de este Proyecto: la necesidad de traducir la visión conciliar de la Iglesia en un nuevo modelo histórico y, además, la necesidad de realizar una "nueva evangelización". En realidad, esta es la etapa en la que el proceso de evangelización desemboca en la definición del modelo de Iglesia coherente con la doctrina conciliar.

 

Tres son las componentes del catecumenado vivido por una comunidad de bautizados: el redescubrimiento de su ser comunidad, expresión del amor de Dios al mundo; la vivencia renovada de los sacramentos como celebración y actualización de ese amor; el compromiso comunitario por el cumplimiento de su misión apostólica en el mundo, con los ministerios que le permiten cumplir con dicho compromiso. Fruto de este camino es la comunidad orgánicamente definida, con una tal organicidad que sea expresión del dinamismo de la Eucaristía, fuente y culmen de toda vida cristiana.

 

Se trata de una etapa prevalentemente catequética, mientras la primera ha sido de tipo kerigmático o de primer anuncio y la segunda de carácter pre-catecumenal en la que prevalece una evangelización orientada a la adhesión global al Evangelio de Cristo, asumido como sentido de vida. Esta es una etapa de educación de la fe que comprende "una enseñanza de la doctrina cristiana, hecha de ordinario de modo orgánico y sistemático, con el fin de iniciar (a los destinatarios) a la plenitud de la vida cristiana" (CT 18). Por lo mismo es una catequesis que implica la evangelización en cuanto dinamismo de conformación a Cristo, plenitud de esa vida cristiana.

 

Catequesis que está presente en todo lo que se hace. Estamos en un itinerario catecumenal-catequético que, por ser del pueblo cristiano en su conjunto, abarca todos los itinerarios específicos. Itinerario global que se propone a todos los bautizados en conjunto como pastoral de multitudes, de pequeñas comunidades o grupos de familias y como pastoral familiar. Tres niveles en los que se expresa, con intensidad y modalidades diversas una secuencia de valores cristianos fundamentales. Itinerarios específicos que se refieren a los diversos grupos sectoriales o de pastoral especializada (jóvenes, niños, educadores, profesionales, políticos ...), a los que se realizan en preparación a los sacramentos, a los que se dirigen a los diversos grupos apostólicos, a los de formación de los diversos ministerios, etc. Todos itinerarios que se pueden integrar en el global precisamente porque éste toma a todas las personas bautizadas en su condición e igualdad fundamental de bautizados. Este es el que hace presentes los valores que constituyen el alma de todo el dinamismo o camino del pueblo en su conjunto.

 

Es también una etapa catecumenal en la que se cumplen todos los requisitos exigidos para ello por la "Catechesi Tradendae". Es una "catequesis de iniciación progresiva, orgánica y completa" que se realiza en dos niveles complementarios, el de la multitud y el de las pequeñas comunidades, mediante un conjunto de temas en los que se confronta el estilo de vida que esta Iglesia local viene experimentando y lo que la Iglesia universal dice de sí misma. Por ello es una catequesis "secundada por la práctica de la vida cristiana", de acuerdo a la originalidad de la propia cultura (inculturada), práctica que se centra en la "vivencia de la caridad y del testimonio de la fe": participación compartida en el amor de Dios por obra del único Espíritu, comunicada a los demás para que otros crean y se salven. La caridad se hace evangelización. Esta catequesis lleva consigo el definirse como Iglesia de Cristo en todos sus componentes y en darse un estilo de vida y de organización coherente. Por ello es una catequesis que implica el sacrificio espiritual comunitario que encuentra en la liturgia "sus momentos significativos y especiales". En definitiva es una catequesis orientada "a definir un proyecto comunitario en que la comunidad diocesana expresa su madurez" (cfr CT 20-24).      

 

Es, en fin, una etapa de conversión que "conduce a la comunidad y a cada cristiano personalmente a la madurez de la fe" (DCG 21). Una madurez que, después de la acogida de Cristo y de su misterio, se expresa en la acogida de la Iglesia como comunidad de los que creen en su Evangelio y en el compromiso apostólico, vivido tanto por la comunidad ministerial como por cada persona, en el servicio que compete a cada uno, según los dones, carismas y ministerios recibidos.

 

 

3. Dinamismo evolutivo de esta etapa

 

El dinamismo de esta etapa se centra en tres núcleos: el redescubrimiento de la Iglesia como comunidad creyente; el redescubrimiento de los sacramentos con su compromiso; el redescubrimiento y definición como comunidad ministerial y apostólica. Son las tres fases de esta etapa que concluye con el Congreso Eucarístico, en el que la comunidad se define como Iglesia local y se da expresión propia en un Proyecto comunitario.

 

Lo que la gente ha vivido a lo largo del proceso de evangelización de las dos etapas anteriores, ahora lo puede comprender en su plena luz y al mismo tiempo puede proyectar su experiencia en un modelo ideal de Iglesia local, en comunión con la Iglesia universal, de acuerdo a la propia cultura. De este modo esta etapa es al mismo tiempo de profundización de un ideal de Iglesia y de comprensión en profundidad de la experiencia vivida. Resultado será tanto la revisión de su experiencia como la formulación de un ideal que en parte es vivido y al cual se quiere tender con toda la fuerza posible, precisamente porque ya se vive como posible y en el anhelo.

 

La primera fase, siempre de tres años, se centra en el misterio de la Iglesia, en su novedad y originalidad, en el conjunto de las instituciones humanas y religiosas, al servicio del mundo. En concreto, los enunciados de los contenidos que hacen al mensaje pueden expresarse con diversas acentuaciones. Aquí proponemos algunos temas en base a las experiencias:

 

  • La Iglesia tiene su origen en la voluntad del Padre de comunicar su vida; Cristo, enviado del Padre, la instituye en la historia; tiene como alma el Espíritu Santo; el Espíritu Santo principio de unidad y de diversidad de la Iglesia; esta tiene como fin la dilatación del reino de Dios en el mundo (LG 5); Cristo es la vida de la Iglesia; Cristo el horizonte de su perfección; Cristo es el camino para alcanzar la perfección; Iglesia visible y espiritual al mismo tiempo;
  • Nuevo pueblo: Jesús envía su Espíritu, principio de vida nueva; Pentecostés, nacimiento de un pueblo nuevo; pueblo convocado en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; pueblo "consanguíneo" y familia de Dios; Iglesia profética; sacerdotal; y real o de servicio; pueblo santo y necesitado de permanente reforma;
  • Pueblo original: Iglesia comunidad de fe; comunidad de esperanza; comunidad de caridad; enviada a todos los hombre y pueblos; presente en los diversos tiempos; y en los diversos lugares o culturas; enviada a anunciar la buena nueva; a llamar a todos a la conversión; a ser comunidad; tiene a María como tipo y modelo; tiene como fin el servir a la renovación del mundo:

 

La segunda fase se desarrolla en torno a los sacramentos tanto para redescubrir su significado cuanto para celebrar/renovar el compromiso que ellos implican. Son enunciados que pueden reexpresarse con otros contenidos alternativos y que aquí se presentan a partir de las experiencias:

 

  • El bautismo: opción de vida según la fe; Dios nos comunica su vida; renacemos a vida nueva; mediante el ministerio de la Iglesia; es un don-germen que desarrollar; don de la misericordia de Dios que nos purifica; don que nos hace libres para servir; que nos permite hacer de la vida un sacrifico espiritual de alabanza a Dios al que nos "consagra"; don que nos integra en la comunidad eclesial a pleno título; don que celebrar y renovar en su compromiso;
  • La reconciliación: porqué reconciliarse; reconciliarse e convertirse, el misterio del mal y de la iniquidad; reconciliarse en la verdad; en la caridad; el diálogo, camino a la reconciliación en la verdad; el discernimiento, camino a la reconciliación en el bien; el sacramento de la reconciliación; celebrar la reconciliación;
  • La confirmación, participación al don del Espíritu de pentecostés; dar testimonio de la fe; poner los propios dones al servicio de todos; la santidad del matrimonio, de la pareja y en pareja; amarse gratuitamente como pareja; la fecundidad del matrimonio; la familia necesitada de ayuda de todos; el presbítero al servicio de que todos encuentren a Dios; celebra el sacrifico de Cristo y en él el sacrifico espiritual del pueblo de Dios; sirve a la edificación de la Iglesia como comunidad orgánica y dinámica.

 

La tercera fase se centra en la Eucaristía y la conformación de la Iglesia local como comunidad ministerial, orgánica y dinámica. Son tres años en los que, en torno a estos temas, se hace una revisión de todo lo vivido a lo largo del itinerario evangelizador, se definen los ministerios de los que la comunidad tiene necesidad para su vida y misión, se define la organicidad de la comunidad y las formas con que asegurar el dinamismo de la misma al servicio tanto del crecimiento de la comunidad como al servicio de la renovación del mundo. En una palabra, se explica el dinamismo de la Eucaristía mientras, al mismo tiempo, se va delineando el "proyecto comunitario". Los enunciados de los temas siguen el dinamismo de la eucaristía y a ella se unen, entre paréntesis, los aspectos ministeriales y del proyecto comunitario, ligados a dichos momentos de celebración y vida. Estos son:

 

  •  Ritos iniciales y celebración de la Palabra: la convocación (evaluación de la pastoral de multitudes); presencia-ausencia en la celebración (evaluación de los Mensajeros y de la Carta a los cristianos); rito penitencial y gloria (concepción ideal del pueblo de Dios); la Eucaristía como fiesta de familia (evaluación de la pastoral familiar); la Palabra, don de Dios a la Iglesia (evaluación de la catequesis, primera parte); la respuesta a la Palabra (evaluación de la catequesis, segunda parte); acogida de la Palabra (evaluación de la pastoral litúrgica, primera parte); la obediencia de la fe (evaluación de la pastoral litúrgica, segunda parte); el dinamismo de la primera parte de la Eucaristía (evaluación de la pastoral de los ministerios);
  • Celebración de la Eucaristía: la ofrenda de sí por los demás (evaluación de los grupos de familias); agradar a Dios (evaluación de los grupos de familia como comunidades litúrgicas y de vida); primera invocación al Espíritu Santo sobre el pan y el vino (evaluación de los grupos de familias como comunidades de ayuda fraterna y misionera); la oblación de sí o consagración (evaluación de los grupos de familia en orden a ser o no Comunidades Eclesiales de Base); "misterio de la fe" (evaluación de la promoción de la espiritualidad y la oración en parroquia); segunda invocación del Espíritu Santo y petición de la unidad (evaluación del Movimiento Juvenil); el Espíritu Santo (evaluación de la pastoral sectorial); la comunión de los santos (información y consulta sobre el futuro Congreso Eucarístico); "Por Cristo, con Cristo y en Cristo..." (consulta a los grupos de familias sobre la convocación de nuevos grupos);
  • Ritos de la comunión: el Padrenuestro (tema a comentar por todo el pueblo de Dios); petición de la libertad (evaluación de la asamblea parroquial); la petición de la paz (evaluación del Consejo pastoral); la comunicación de bienes (evaluación de las formas de ayuda fraterna y de apertura misionera); la comunión (1) (evaluación del sistema económico de la parroquia, primera parte); la comunión (2) (evaluación del sistema económico de la parroquia, segunda parte); la bendición final; la misión o envío; la esperanza. A estos tres últimos temas se unen los siguientes de preparación al Congreso Eucarístico: Eucaristía y paz, Eucaristía y justicia, Eucaristía y ecología.

 

A los tres años así descritos sigue la preparación inmediata del Congreso y su realización, prevista para el final del primer trimestre del curso siguiente, el cuarto año. A lo largo de estos tres años, cada parroquia, con los aportes de los grupos de familias, va elaborando el "proyecto comunitario" con las respuestas a una consulta (en dos partes, en adviento y en cuaresma) a las familias se elabora el comentario al "Padre nuestro".

 

 

4. El Congreso Eucarístico y su preparación

 

La conclusión del camino catecumenal del conjunto del pueblo de Dios se centra en una experiencia significativa de Iglesia, como comunión orgánica y dinámica de todo el pueblo de Dios. El Congreso dura quince días a nivel parroquial y, después, un fin de semana a nivel diocesano.

 

La primera semana se desarrolla: apertura del Congreso (domingo), visita a todas las familias para una última invitación a participar, especialmente a los encuentros de los nuevos grupos de familias; una "vigilia nocturna de oración" de los jóvenes; vigilia de adoración nocturna para toda la gente, con el tema "Eucaristía y comunidad"; celebración comunitaria de la penitencia; jornada de adoración del Santísimo Sacramento, por grupos de edades y sectores, con guías para la oración personal.

 

La segunda semana comienza con el reconocimiento oficial de las Comunidades Eclesiales de Base (celebración eucarística dominical); de tres o cinco encuentros de las CEB y de los nuevos grupos de familias sobre la propuesta de "Proyecto comunitario" y para proponer eventuales modificaciones; vigilia de adoración nocturna de los jóvenes con el tema "Eucaristía y opciones de vida"; procesión eucarística nocturna con el tema "Eucaristía y familia", Asamblea parroquial para la aprobación de las modificaciones propuestas al "Proyecto comunitario" de la parroquia y del comentario al "Padre nuestro".

 

Luego sigue el proceso de síntesis de los documentos previos aprobados a nivel parroquial. Esta síntesis se puede hacer primero a nivel de Vicarías Foráneas o Decanatos o Arciprestazgos y luego a nivel diocesano. Trabajo que inevitablemente exige una o dos semanas. Así al terminar la cuarta semana se hace la Asamblea Diocesana Extraordinaria, presidida por el Obispo, en la que se aprueban el "Proyecto Comunitario de Iglesia local" y el comentario al "Padre nuestro". La conclusión del Congreso Eucarístico puede hacerse en el fin de semana siguiente con una única y multitudinaria adoración y celebración nocturna de la Eucaristía, presidida por el Obispo y en la que se reconocen oficialmente las personas y los diversos ministerios que han realizado los religiosos/as y laicos durante el camino catecumenal diocesano y se proclama el "Padre nuestro" comentado por la Iglesia local.

 

La preparación del Congreso Eucarístico sigue los mismos pasos que la de la preparación del Sínodo diocesano. La diferencia está en que el documento final del "Proyecto comunitario de la Iglesia local" exige, a nivel parroquial, una sola comisión para su elaboración o, a lo más dos, una para el "proyecto" y otra para el comentario al "Padre nuestro". De hecho, puede ser mejor que este trabajo lo haga el mismo Equipo Parroquial de Animación Pastoral (EPAP) y a nivel diocesano el Equipo Diocesano de Animación Pastoral (EDAP).

 

 

5. La conversión a la que se sirve en esta etapa

 

Ante todo, en esta etapa, al ser toda ella de definición del modo concreto de ser Iglesia en este lugar y en este tiempo, continúa la crisis iniciada al final de la precedente. La necesidad de definirse frente al Evangelio ya ha provocado la reacción de aquellas personas que prefieren anteponer sus intereses a la ley del amor al prójimo. Estas continuarán en su posición de no mediar una auténtica conversión. La caridad por parte de los agentes de pastoral consiste en dar a esas personas la certeza, por una parte, de no ser nunca excluidas ni marginalizadas de la Iglesia y, por otra, de que no se tergiversa el Evangelio para que ellos puedan sentirse "bien" en la Iglesia. Su resistencia o contraposición será la pena que los agentes de pastoral tendrán que sobrellevar, principalmente cuando se trata de personas bautizadas.

 

Pero las dificultades que esto puede generar en la comunidad sirven para ayudar a la gente a definirse y, por lo mismo, bajo este aspecto, constituyen una componente positiva. En efecto, lo que se trata de vivir en esta etapa es un proceso de evangelización de la cultura, de conversión de los modos de ver, ser y actuar del pueblo a la luz del misterio de la Iglesia y en función de la expresión autóctona de la misma, es decir, conforme a los valores de esa cultura. Se expresa en el paso:

 

  • de una conciencia ingenua de ser Iglesia a otra refleja, es decir fruto de una opción consciente y libre por un modo de serlo y de pertenencia a la misma;
  • de una vivencia incolora y a veces vergonzante de la fe a una profesión serena y abierta de la misma, hasta darle una cierta primacía;
  • de la fe vivida como "deber religioso" a la conciencia de que ser cristiano significa vivir o al menos intentar vivir los valores del Evangelio centrados en la caridad;
  • de la costumbre mental de ver a los comprometidos en la Iglesia como "beato/beata" a otra en que "ser-de-Iglesia" significa asumir un compromiso frente a la colectividad;
  • de vivir la pertenencia a la Iglesia como un hecho privado a saberse y sentirse miembro de una comunidad y solidarios con lo que ella hace y promueve;
  • de una imagen de Iglesia ligada al poder y considerada como tal a otra que la considera por encima de los intereses de parte de los poderosos y al servicio del crecimiento de todos, privilegiando los pobres;
  • de ver al sacerdote como funcionario de una institución de "servicios religiosos" a reconocerlo como alguien que está llamado a vivir los valores evangélicos en medio de la gente y a animar a todos a vivirlos, convocándolos con su propuesta y ayudándoles a responder a ella; hasta el punto de que las personas, las familias, el pueblo no pueden ya prescindir de su pastor, en cuya voz y en cuya persona reconocen la de Cristo.

 

En realidad, insensiblemente, a través de años se ha ido renovando la experiencia de Iglesia y ahora al tomar conciencia de ello y definir un modelo coherente con la Palabra de Dios se consolida el proceso iniciado e inicia la madurez. Se ha pasado poco a poco de un modelo de Iglesia más bien sacramentalista a otro comunional, elegido conscientemente. Un modelo todavía en gran parte ideal pero que se quiere vivir como dirección y sentido de vida. Por ello, la comunidad eclesial, definida en su estilo de vida, tiene una presencia significativa creciente en el ambiente en que vive. Es el inicio de otro tramo de camino que hay que recorrer para alcanzar la perfección, mientras de hecho va consolidando cuanto ya vivido y adquirido como estilo de vida.

 

Otro aspecto particular de conversión lo constituye la elección de los ministerios. Es la comunidad que determina cuales son los ministerios que ella necesita en forma permanente y señala las personas que cree oportunas para ello, a partir de la experiencia vivida. Así los colaboradores parroquiales se encuentran ante el dilema de aceptar o no la propuesta que le viene hecha a través de la comunidad de asumir públicamente el compromiso de servir a la comunidad en un determinado servicio. En una palabra, pasar de ser colaboradores del párroco a ministros de una comunidad y, consecuentemente, ser reconocidos por el Obispo. Es un proceso de discernimiento vivido por la comunidad, por los presbíteros y el Obispo y por las mismas personas que concluye con la asunción del ministerio y de sus exigencias ante la comunidad y el reconocimiento oficial del ministerio por parte del Obispo, en la solemne Eucaristía conclusiva del Congreso Eucarístico.

 

 

6. Algunos frutos de esta etapa

 

Además de lo dicho a propósito de la conversión que acompaña esta etapa hay otros frutos que podemos señalar a modo de ejemplo y teniendo en cuenta que en cada lugar se dan según haya sido el camino realizado por cada persona, por cada comunidad y por el conjunto como tal.

 

Lo cierto es que la casi totalidad de los bautizados adquiere un sentido de Iglesia y de pertenencia a la misma que los lleva a "querer" esta Iglesia, a estar de acuerdo con lo que ella hace, y al mismo tiempo a reconocer la distancia entre lo que se vive y lo que se debería vivir. Y esto acontece a todos, cualquiera sea el grado de participación a la vida y misión de la Iglesia. En realidad, al término del camino catecumenal, se pueden distinguir tres tipos de católicos: los que han hecho el camino en forma superficial o epidérmica pero que reconocen ésta como "su" Iglesia, sintonizan con ella y quisieran responder a lo que reconocen ser voluntad de Dios pero que por su condición de vida y su debilidad no logran realizar; los que adhieren a cuanto la Iglesia propone pero no logran asumir compromisos específicos estables en favor de la comunidad; los que se comprometen en y por la vida de la comunidad eclesial. Estos tres grados de pertenencia, a lo largo del proceso han tomado consistencia tanto cuantitativa como cualitativa. Las personas comprometidas en servicios parroquiales se han multiplicado en forma inicialmente impensable, la adhesión a la Iglesia no es ya "desde fuera" sino desde la interioridad de su misterio y alcanza a multitudes, y la sintonía con las características ya dichas alcanza a casi la totalidad de los bautizados.

 

La religiosidad popular se ha ido purificando tanto en sus expresiones multitudinarias como individuales y se ha convertido en expresión de fe, de oración, de alabanza y de fraternidad. En ella el pueblo celebra su vida.

 

Los grupos familiares han desembocado como fruto de la experiencia y de la profundización de la fe en CEB y han sido reconocidos como tales después de años de camino catecumenal. Nacidas en un proceso de pueblo y no sólo de pequeños grupos, sus miembros saben que la pertenencia a la CEB no es más que una forma de pertenecer a la parroquia y a la Iglesia local. No viven ni la competición entre ellas ni el sentido de superioridad o de distancia con el resto de la gente. Es verdad que, en número, son menos que el conjunto de personas y grupos que iniciaron el recorrido común después del Acontecimiento Redentor o Semana de la fraternidad. Pero, en un proceso de definición la reducción del número es inevitable. Pero, ahora, existe una realidad nueva y comienzan su camino nuevos grupos de familias.

 

Hay otros frutos, diferenciados según las diócesis y las parroquias al interior de las mismas, en los diversos campos de acción pastoral:

 

  • la vinculación estable de un gran número de jóvenes al movimiento juvenil diocesano, la participación ocasional de otros y la no-ruptura de los puentes con el resto;
  • el dinamismo de muchas familias sensibles a la necesidad de compartir entre ellas los problemas familiares y buscar soluciones a la luz de la voluntad de Dios; la participación de otras a los encuentros correspondientes a su vida de pareja y de familia de modo que se puede decir que se está en condiciones de envolver a todas las familias en el movimiento familiar diocesano;
  • la catequesis de niños y adolescentes que en forma orgánica y estable integra a los niños y adolescentes desde los 5-6 hasta los 15 años; catequesis que llega a todos y que continuada en el movimiento juvenil, familiar y en las pequeñas comunidades se convierte en una catequesis permanente que acompaña a todas las personas hasta la muerte;
  • las celebraciones litúrgicas que adquieren poco a poco el carácter, real y sentido, de "fiesta" de una comunidad que vive y celebra su camino espiritual de caridad recíproca hacia la unidad; celebraciones multitudinarias y dominicales en las que el protagonismo es de las generaciones más jóvenes y, por lo mismo, gozadas por los adultos;
  • las iniciativas de ayuda fraterna se multiplican así como la participación de la gente, hasta asumir comunitariamente la responsabilidad por los más necesitados, enfermos, débiles, etc.; la dimensión misionera aparece particularmente en ocasión de ayudas a necesidades de otras Iglesias, especialmente las de países pobres;
  • el nuevo sistema de formación a los ministerios, en y a partir de la vida de la comunidad, que primero experimenta lo que después trata de comprender; ministerios extendidos al mayor número posible de personas, de modo que sea y aparezca como una Iglesia "laical" y ministerial.

 

El fruto principal y determinante de todo el proceso consiste en una comunidad real y amplia a partir de la cual es posible iniciar un nuevo camino de maduración. Pero como en todo crecimiento, lo que importa está siempre de frente. La santidad del pueblo de Dios es siempre un horizonte abierto y ante él se está siempre en el punto de partida. Los frutos que, por gracia de Dios, se obtienen son múltiples pero eso no quiere decir otra cosa sino que se está en condiciones de iniciar un nuevo camino a partir de una nueva condición.

 

 

7. El nuevo plan

 

Al término del plan de evangelización catecumenal en las primeras experiencias parroquiales nos preguntamos qué hacer, si se debía continuar y cómo. La respuesta a ello vino de algunas constataciones.

 

La concepción dinámica de la pastoral, de un camino que recorrer como comunidad cristiana, tiene dos fundamentos claros y que están a la base de todo el proyecto. Desde el punto de vista teológico, la vocación del pueblo de Dios a la santidad lleva consigo el deber de caminar siempre hacia ese ideal, en parte siempre alcanzado y en parte siempre por alcanzar. De hecho, la comunión con Dios es siempre un horizonte que está y estará delante de quien la procure, cosa que además es posible sólo con la gracia de Dios. Siempre se afirmó el principio "en la vida espiritual el que no crece, muere". Esto vale no sólo para las personas individuales sino también para la comunidad.

 

A partir de los "signos de los tiempos", a su vez, hay que decir que se vive en una historia en la que los cambios son de tal manera constantes, rápidos y universales que, como dice el Concilio Vaticano II, vivimos en una historia prevalentemente dinámica. Esto exige a todas las instituciones, incluida la Iglesia, la estructuración de la adaptación permanente de sus miembros, cosa que acontece sólo en un proceso de evangelización permanente. Entendido no sólo en el sentido de que abarque toda la vida de la persona sino que ponga a la comunidad en constante dinamismo de crecimiento. A ello hay que añadir el influjo que ejercen los medios de comunicación social. El bombardeo de mensajes antievangélicos es tal que si no se ayuda a las personas y a la comunidad como tal a madurar la vida cristiana en todo aquello que es fundamental y esencial, la gran masa de bautizados terminará por perder la fe y caerá en el anonimato cada vez más despersonalizado.

 

Si partimos, además, de la experiencia nos encontramos con el desafío de favorecer tanto la maduración de la fe de la comunidad que ha respondido cuanto la ampliación de lo vivido a otra gente que por razones de diversa índole sólo ahora están dispuestas a iniciar el camino de profundización de la fe. Una parte de los que han vivido el proceso catecumenal a nivel epidérmico, ahora están dispuestos a ir en profundidad. Para muchos el Congreso Eucarístico significó lo que antes había significado para otros la Semana de Fraternidad o el Acontecimiento Redentor.

 

Es por todo esto que la opción que parece más adecuada y que nosotros asumimos en las experiencias es la de rehacer el camino catecumenal, no ya en su etapa kerigmática sino en sus etapas pre-catecumenal y catecumenal. Hechos el nuevo análisis y diagnóstico, se hizo un listado de posibles contenidos con que continuar el proceso educativo del pueblo en su conjunto y se llegó a la conclusión de rehacer el camino pre-catecumenal y catecumenal desde una óptica más bien teológica o espiritual o moral. En cada caso se eligió lo que aparecía más oportuno de acuerdo al diagnóstico. En todo caso se reinició el camino similar al catecumenal: primero una etapa de profundización de la fe en relación a las características del tiempo y del lugar y, luego, otra etapa de profundización del misterio de la Iglesia de acuerdo a las necesidades espirituales de la comunidad.

 

El plan, a su vez, es fruto del "Proyecto Comunitario" aprobado en el Congreso Eucarístico. De hecho, la gente no sólo ha dado elementos para la elaboración del nuevo análisis sino que ha definido un modo de ser Iglesia local. Del mismo modo ha definido un "deber ser", un modelo ideal, que ahora hay que tratar de realizar en la práctica, paso a paso. Así surge el nuevo plan.

 

Así, por vía de los hechos, se ha confirmado la convicción teórica existente desde el principio: estar en camino, en crecimiento permanente, es parte de un estilo de vida permanente de la Iglesia. En realidad, es la consecuencia inevitable de una comunidad eclesial llamada en cuanto tal a la santidad en la unidad salvífica universal.